miércoles, 8 de enero de 2014

Traes la alegría irracional.

Hasta hace poco, era lo suficientemente tonto para relacionar alguien que bebe con ser guay y merecedor de atención. Seguramente seguiría haciéndolo si no hubiera llegado a conocer a Amayi Velasqui.
En realidad esto era un blog para que mis pensamientos vagaran por aquí, y en realidad es un poco lo que voy a hacer, esta vez, aunque sea, para hacer a una boca que sonría, la suya.

Es posible que ella no lo sepa, pero la gente que le rodea sí. Rebaña y riega de felicidad a cualquiera que se cruza con ella, no obstante, y esto es lo difícil, sé que por dentro, a veces, no lleva esa alegría consigo, aunque muy muy gordo debe ser el problema para que ella y la felicidad no vayan de la mano. 
Lo esencial que le define es que aparta aquello que podría contagiarnos a nosotros y luce su mejor cara mezclada con una risa entrecortada que agita los ánimos de la gente. Es como ese aparato raro que expulsa aire y aviva las llamas, es la chispa con la que toda alegría nace. Y ya no solo hablo de saber estar, de animar, y de contagiar de enfermedades sanas, hablo de ser un ejemplo dentro y fuera de ella misma. Dentro de ella porque tiene, hasta lo que yo conozco, un corazón que no le cabe en el pecho, y fuera, porque ella no nos cabe a nosotros en él. Un ejemplo como amiga, como persona, como habitante en este mundo infectado de egoísmo e hipocresía. Un antídoto contra todo lo que nos asusta y nos deprime, una cura contra cualquier problema. Una llamada a la bondad pura y dura, una llamada a disfrutar de la vida por sus pequeños y curiosos detalles.

Amaya es una chica excepcional en un ambiente corriente, es el molino que produce la energia que todos necesitamos para arrancar. Una llama entre cierta oscuridad, que pretende poner nuestro ánimo por la altura de su moño, más o menos.

Y esto, no es ni mas ni menos que una pequeña muestra de lo que es y será. Disfruta de la laif como has hecho hasta ahora, campeona.
Te quiero.

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